Resiliencia en tiempos de cambio: Javier Luxor comparte con los empleados de Netflix las claves del bienestar psicológico

conferencia de resiliencia

Conferencia de resiliencia en tiempos de cambio

El pasado 4 de noviembre tuve la oportunidad de compartir con los empleados de Netflix una conferencia experiencial titulada «Resiliencia en tiempos de cambio: tu mente, tu bienestar». Un encuentro en el que exploramos, desde la psicología del comportamiento humano, algunos de los mecanismos mentales que influyen en nuestra capacidad para afrontar la incertidumbre, adaptarnos a nuevas situaciones y proteger nuestro bienestar psicológico.

Vivimos en un entorno profesional en el que la transformación se ha convertido en una constante. Las organizaciones evolucionan, aparecen nuevas tecnologías, cambian los procedimientos y las personas debemos adaptarnos a circunstancias que, en muchas ocasiones, no hemos elegido. Sin embargo, aunque solemos hablar de la importancia de gestionar el cambio, pocas veces nos detenemos a comprender qué sucede realmente en nuestra mente cuando nos enfrentamos a él.

Precisamente, ese fue el punto de partida de mi conferencia: comprender que nuestra capacidad de adaptación no depende únicamente de lo que ocurre a nuestro alrededor, sino también de cómo interpretamos y respondemos a lo que nos sucede.

Ser resiliente no significa resistir

Una de las primeras ideas que quise compartir con los asistentes fue que existe una diferencia fundamental entre resistencia y resiliencia, aunque en ocasiones utilicemos ambos conceptos como si fueran equivalentes.

Cuando hablamos de una persona resiliente, solemos imaginar a alguien capaz de aguantar cualquier dificultad, soportar la presión y mantenerse firme ante las adversidades. Sin embargo, esta interpretación puede llevarnos a confundir la resiliencia con una capacidad ilimitada para resistir.

Y no son lo mismo.

Resistir implica, en determinadas circunstancias, dedicar una enorme cantidad de energía a mantener una situación, evitar una transformación o luchar contra una realidad que no podemos controlar. Cuando esta resistencia se mantiene en el tiempo, especialmente en situaciones de elevada exigencia, puede contribuir al desgaste psicológico y al estrés crónico. Si, además, existen condiciones laborales desfavorables y un estrés profesional que no se gestiona adecuadamente, puede aumentar el riesgo de agotamiento profesional o burnout.

La resiliencia, por el contrario, no consiste en soportarlo todo ni en permanecer inalterables ante las dificultades. Implica desarrollar recursos psicológicos y conductuales que nos permitan afrontar las adversidades, adaptarnos a las circunstancias y recuperar nuestro equilibrio.

Una persona resiliente no es aquella a la que nada le afecta, sino aquella que aprende a reconocer lo que le sucede y encuentra maneras de responder sin perder su capacidad de actuar.

La resiliencia no consiste en aguantar más, sino en aprender a responder mejor.

Esta distinción resulta especialmente relevante en el ámbito empresarial, donde muchas personas interpretan su capacidad para soportar una presión creciente como una demostración de fortaleza, cuando en realidad pueden estar ignorando señales importantes de desgaste emocional.

El problema no siempre es el cambio, sino nuestra resistencia al cambio

Durante la conferencia también hablamos de uno de los fenómenos que más me interesan desde la psicología del comportamiento: la resistencia al cambio.

Nuestro cerebro utiliza experiencias anteriores, hábitos y expectativas para anticipar lo que va a suceder. Estos mecanismos nos permiten desenvolvernos con relativa eficiencia en nuestra vida cotidiana, sin necesidad de analizar conscientemente cada una de nuestras decisiones.

Sin embargo, cuando las circunstancias cambian, algunas de esas estrategias dejan de resultar útiles.

Es entonces cuando pueden aparecer la inseguridad, la frustración o la sensación de pérdida de control.

A menudo interpretamos estas emociones como una consecuencia inevitable del cambio, pero conviene distinguir entre lo que está sucediendo y el significado que estamos atribuyendo a esa situación.

Un cambio de responsabilidades puede interpretarse como una amenaza para nuestra estabilidad profesional o como una oportunidad para desarrollar nuevas capacidades. Una modificación en los procedimientos de trabajo puede vivirse como una pérdida de autonomía o como una posibilidad de mejorar nuestra manera de trabajar.

Esto no significa que todos los cambios sean positivos ni que debamos aceptarlos sin cuestionarlos. Hay transformaciones que generan dificultades reales y decisiones organizativas que merecen ser revisadas. La resiliencia también implica saber identificar esas circunstancias, expresar nuestras necesidades y actuar sobre aquello que podemos modificar.

Lo importante es comprender que una parte de nuestro malestar puede proceder de la manera en que interpretamos el cambio y de los esfuerzos que realizamos para evitar una realidad que ya se está produciendo.

Por eso, aprender a diferenciar entre aquello que podemos controlar y aquello que no depende de nosotros constituye una herramienta fundamental para afrontar situaciones de incertidumbre.

Del pensamiento automático a la respuesta consciente

Una de las partes más interesantes de la conferencia fue poder trasladar estas ideas a través de experiencias en las que participaron los propios asistentes.

Mi manera de trabajar consiste en combinar la psicología del comportamiento con experiencias en vivo que permiten observar algunos de los mecanismos de nuestra mente. No se trata únicamente de explicar conceptos, sino de crear situaciones que nos ayuden a reconocerlos en nosotros mismos.

En esta ocasión, realizamos experiencias orientadas a comprender la diferencia entre pensar de manera automática y responder de forma consciente, así como a reflexionar sobre el papel que desempeña nuestra resistencia ante determinadas situaciones.

Nuestro pensamiento automático resulta imprescindible. Gracias a él podemos tomar innumerables decisiones cotidianas sin tener que dedicar toda nuestra atención a cada una de ellas. El problema aparece cuando seguimos utilizando respuestas automáticas en circunstancias que requieren detenernos, revisar nuestras interpretaciones y elegir una estrategia diferente.

Y esto tiene una relación directa con la resiliencia.

Ante una situación inesperada podemos reaccionar impulsivamente, dejándonos llevar por nuestros hábitos, emociones o creencias previas. Pero también podemos aprender a reconocer esa primera reacción, tomar cierta distancia y valorar qué respuesta resulta más adecuada.

Ese espacio entre lo que sucede y cómo decidimos actuar es especialmente importante.

No siempre podemos elegir lo que nos ocurre. Tampoco podemos controlar por completo nuestras primeras reacciones emocionales. Pero sí podemos desarrollar habilidades que nos ayuden a reconocerlas, regularlas y responder de una manera más deliberada.

Ser resiliente implica recuperar capacidad de decisión cuando las circunstancias parecen empujarnos a actuar en piloto automático.

Y esta es una de las ideas que más me interesa trasladar a los profesionales y equipos con los que trabajo: comprender cómo funciona nuestra mente nos ayuda a tomar decisiones más conscientes, especialmente cuando aumenta la incertidumbre.

La incertidumbre y nuestra necesidad de control

Otro de los temas que abordamos durante el encuentro con los empleados de Netflix fue nuestra relación con la incertidumbre.

A las personas nos gusta anticipar lo que va a suceder. Necesitamos cierta estabilidad para organizar nuestras decisiones, establecer objetivos y sentir que tenemos un margen razonable de control sobre nuestra vida.

Cuando esa previsibilidad desaparece, nuestra mente intenta encontrar explicaciones, identificar amenazas y reducir la sensación de inseguridad.

Este proceso es comprensible, pero también puede llevarnos a dedicar demasiada atención a situaciones futuras que todavía no se han producido.

En el ámbito profesional resulta especialmente evidente. Podemos preocuparnos por cómo afectará una reorganización a nuestro puesto de trabajo, por las consecuencias de una nueva tecnología o por nuestra capacidad para responder a unas responsabilidades diferentes.

El problema aparece cuando empezamos a tratar nuestras anticipaciones como si fueran hechos.

Una posibilidad negativa no es necesariamente una predicción fiable. Y, sin embargo, cuando la repetimos mentalmente, podemos terminar comportándonos como si fuera inevitable.

Por eso, una de las habilidades más útiles para gestionar la incertidumbre consiste en aprender a distinguir entre los hechos que conocemos, las interpretaciones que hacemos y las posibilidades que imaginamos.

No se trata de eliminar la preocupación ni de adoptar un optimismo ingenuo, sino de evitar que nuestros pensamientos anticipatorios limiten innecesariamente nuestra capacidad de actuar.

La resiliencia no elimina la incertidumbre. Nos ayuda a desarrollar recursos para convivir con ella sin quedar paralizados.

Las creencias limitantes: cuando nuestra interpretación se convierte en una barrera

Durante la conferencia también reflexionamos sobre el papel de nuestras creencias.

Todos construimos interpretaciones sobre nosotros mismos, nuestras capacidades y el mundo que nos rodea. Algunas nos ayudan a afrontar dificultades, mientras que otras pueden limitar nuestras posibilidades de actuación.

Pensamientos como «yo no soy capaz de adaptarme», «siempre me ha costado afrontar los cambios» o «a estas alturas no puedo aprender algo diferente» pueden influir en nuestra motivación y en las decisiones que tomamos.

Cuando aceptamos estas creencias sin cuestionarlas, corremos el riesgo de convertir una interpretación subjetiva en una limitación que condiciona nuestro comportamiento.

Desde la psicología sabemos que nuestras expectativas y creencias pueden influir en la manera en que interpretamos las situaciones, en las estrategias que elegimos y en nuestra disposición a perseverar ante las dificultades.

Por eso, desarrollar una mayor conciencia sobre nuestros propios pensamientos resulta especialmente útil en los procesos de adaptación.

Una pregunta sencilla puede ayudarnos a iniciar esa reflexión: ¿esto que estoy pensando es un hecho demostrado o una interpretación que estoy dando por cierta?

No siempre podemos modificar inmediatamente nuestras creencias. Algunas están profundamente arraigadas y requieren tiempo, experiencia y esfuerzo para revisarlas. Pero aprender a cuestionarlas constituye un primer paso para evitar que determinen automáticamente nuestras decisiones.

La resiliencia también se construye cuando dejamos de interpretar nuestras capacidades como algo completamente fijo y comenzamos a reconocer nuestro margen de aprendizaje y adaptación.

El bienestar psicológico también depende de cómo afrontamos las dificultades

El título de la conferencia, «Tu mente, tu bienestar», respondía precisamente a esta relación entre nuestros procesos psicológicos y nuestra manera de afrontar las dificultades.

En ocasiones hablamos del bienestar como si dependiera exclusivamente de las circunstancias externas. Y, aunque factores como las condiciones laborales, las relaciones personales, la carga de trabajo o la estabilidad económica tienen una influencia indudable, también importa cómo interpretamos nuestras experiencias y qué estrategias utilizamos para gestionarlas.

Aprender a reconocer nuestras emociones, revisar nuestros pensamientos y desarrollar respuestas más flexibles puede contribuir a mejorar nuestra capacidad para afrontar situaciones difíciles.

Pero conviene recordar algo importante: la resiliencia no debe convertirse en una exigencia adicional para las personas.

No podemos pedir a los profesionales que sean indefinidamente resilientes mientras ignoramos las condiciones que generan un estrés excesivo. El bienestar en las organizaciones necesita tanto recursos individuales como entornos de trabajo saludables, liderazgo responsable y una cultura que permita expresar las dificultades sin temor.

La resiliencia es una capacidad que podemos desarrollar, pero no debería utilizarse para justificar situaciones que necesitan cambiar.

Creo que esta distinción es fundamental cuando trabajamos la resiliencia en el entorno empresarial.

La resiliencia comienza cuando tomamos las riendas

Si tuviera que resumir en una sola idea el mensaje que quise transmitir durante mi conferencia para los empleados de Netflix, sería que la resiliencia tiene mucho que ver con recuperar nuestra capacidad de actuar conscientemente.

No siempre podemos controlar los cambios que se producen en nuestra organización, las decisiones que toman otras personas o las circunstancias inesperadas que aparecen en nuestra vida.

Pero podemos aprender a reconocer nuestras respuestas automáticas, cuestionar determinadas creencias y dirigir nuestra atención hacia aquello sobre lo que realmente tenemos capacidad de influencia.

Tomar las riendas no significa controlar todo lo que sucede. Significa asumir un papel activo en nuestra manera de afrontar las circunstancias.

Y eso exige desarrollar autoconocimiento, flexibilidad psicológica y una mayor conciencia sobre nuestros propios procesos de pensamiento.

Mi objetivo durante esta conferencia fue precisamente ayudar a los asistentes a experimentar y comprender algunas de estas ideas, utilizando la psicología del comportamiento para transformar conceptos que pueden parecer abstractos en reflexiones conectadas con su realidad cotidiana.

Porque comprender cómo funciona nuestra mente no elimina las dificultades, pero puede ayudarnos a relacionarnos con ellas de otra manera.

Conferencias sobre resiliencia, bienestar y gestión del cambio para empresas

Cada vez son más las organizaciones que necesitan ayudar a sus profesionales a afrontar entornos de incertidumbre, transformación tecnológica y nuevas exigencias laborales.

Sin embargo, considero que una conferencia sobre resiliencia no debería limitarse a transmitir mensajes de superación personal o a recordar que debemos mantener una actitud positiva ante las dificultades.

El verdadero valor aparece cuando las personas comprenden los mecanismos psicológicos que intervienen en su comportamiento y descubren herramientas que pueden aplicar en su vida profesional.

Como psicólogo organizacional y conferenciante experiencial, mi trabajo consiste en acercar la psicología del comportamiento humano al mundo empresarial mediante experiencias participativas que invitan a cuestionar nuestras percepciones, comprender mejor nuestras decisiones y desarrollar nuevas perspectivas.

Conferencias como «Resiliencia en tiempos de cambio: tu mente, tu bienestar» permiten abordar aspectos fundamentales para las organizaciones actuales: la adaptación al cambio, la gestión de la incertidumbre, el bienestar psicológico, las creencias limitantes y la importancia de desarrollar respuestas conscientes ante situaciones exigentes.

Me llevo de este encuentro con los empleados de Netflix la satisfacción de haber podido compartir una reflexión que considero especialmente necesaria en el mundo profesional: nuestra capacidad para afrontar las dificultades no depende únicamente de cuánto podemos soportar, sino también de nuestra habilidad para revisar nuestras interpretaciones, aprender y actuar de manera consciente.

Porque, al final, quizá la pregunta más importante no sea cuánto somos capaces de resistir, sino cuánto somos capaces de aprender, adaptarnos y actuar conscientemente cuando las circunstancias cambian.

La resiliencia no consiste en resistir lo que viene, sino en desarrollar los recursos necesarios para afrontarlo.


Javier Luxor es psicólogo organizacional, ingeniero, MBA y conferenciante experiencial especializado en psicología del comportamiento, toma de decisiones, influencia, liderazgo y gestión del cambio. A través de experiencias en vivo, ayuda a líderes y equipos a comprender cómo funciona su mente y a desarrollar nuevas perspectivas ante los desafíos profesionales.