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    El efecto halo en la evaluación de personas

    efecto halo

    Efecto halo: la persona que más brilla en tu equipo puede ser la que menos ves

    Imagina esta situación: tienes a alguien en tu equipo que lleva meses destacando. Es puntual, se expresa bien, tiene presencia en las reuniones, genera buena impresión con los clientes. Cada vez que piensas en él, lo primero que te viene a la mente es esa imagen positiva, esa sensación de que es un profesional sólido. Ahora piensa un momento: ¿cuánto de lo que crees sobre su rendimiento real está basado en datos objetivos, y cuánto está basado en esa primera impresión que nunca has vuelto a cuestionarte?

    Y al revés: ¿hay alguien en tu equipo que por alguna razón no terminó de encajar desde el principio, y al que llevas meses evaluando con un rasero diferente sin ser del todo consciente de ello?

    El sesgo cognitivo en psicología

    Existe un sesgo cognitivo que opera de forma silenciosa en cada evaluación de desempeño, en cada decisión de promoción y en cada conversación donde juzgamos el trabajo de otra persona. Se llama efecto halo, y su funcionamiento es tan natural que resulta casi invisible: cuando una persona nos genera una impresión positiva en una dimensión determinada (su carisma, su puntualidad, su forma de comunicar) el cerebro tiende a extender esa valoración positiva al resto de sus características, incluso a aquellas que no ha tenido ocasión de mostrarte. Y cuando la impresión inicial es negativa, ocurre exactamente lo mismo pero en sentido contrario. Lo que en psicología se llama el efecto cuerno.

    Este término fue acuñado por el psicólogo Edward Thorndike en 1920, y más de un siglo después sigue siendo uno de los sesgos más documentados y también de los más ignorados en la gestión de personas. Una investigación publicada en 2025 en Frontiers in Psychology confirmó que incluso rasgos tan periféricos como la expresión de felicidad de un empleado influyen de forma significativa en cómo sus superiores evalúan su competencia global. No su rendimiento ojo… su expresión. El cerebro construye una imagen completa a partir de piezas parciales, y luego trata esa imagen como si fuera la realidad.

    Consecuencias en el entorno empresarial

    En el entorno empresarial, las consecuencias de esto son más serias de lo que suelen habitualmente reconocerse. Piensa en ese proceso de selección donde el primer candidato que entrevistas llega con una presencia impecable, se expresa con soltura y conecta bien contigo desde el primer momento. Es muy probable que, sin darte cuenta, el resto de candidatos sean evaluados en comparación con él — y que ese primero parta con una ventaja que no tiene nada que ver con su capacidad real para hacer el trabajo.

    O imagina la evaluación de desempeño de alguien que lleva años en tu empresa y siempre ha tenido buena relación contigo. ¿Estás evaluando lo que ha hecho este año, o estás confirmando la imagen que ya tenías de esa persona? Varios estudios han demostrado que los líderes tienden a puntuar de forma más alta a las personas que les generan simpatía, aunque establezcan criterios de evaluación objetivos antes de empezar (el sesgo no desaparece con la intención de ser justo).

    Además, el efecto halo invisibiliza el talento. Hay personas en tu equipo que quizás no brillan en las reuniones ni generan esa primera chispa de simpatía inmediata, pero que hacen un trabajo extraordinario que pasa desapercibido porque el halo de otros lo esta eclipsando. Perder ese talento, o no desarrollarlo, es uno de los costes más altos que puede llegar a tener un equipo.

    Qué puedes hacer con esto?

    ¿Qué puedes hacer con esto? Lo primero es separar de forma deliberada las distintas dimensiones en las que evalúas a cada persona. En lugar de formarte una impresión global y luego buscar evidencias que la confirmen, define de antemano qué aspectos concretos vas a valorar y evalúalos uno por uno, con independencia entre sí. No confundas esto con mera burocracia. Si lo piensas bien es el único antídoto que funciona contra un sesgo que opera antes de que seas consciente de él.

    Lo segundo es prestar especial atención a tus evaluaciones más rápidas (y cómodas). Cuando la valoración de alguien te sale sola, cuando no requiere esfuerzo, cuando sientes que ya sabes lo que necesitas saber — ese es precisamente el momento en que el halo está trabajando. La facilidad con la que llegas a una conclusión sobre una persona es una señal de alerta (aunque solemos pensar que es un acierto).

    Y lo tercero: busca activamente evidencia que contradiga tu impresión. Si tienes una imagen muy positiva de alguien, hazte esta pregunta: ¿qué aspectos de su trabajo llevas tiempo sin revisar porque doy por hecho que están bien? Si tienes una imagen negativa, pregúntate lo mismo en sentido contrario. Por favor, no esperes a que el rendimiento de alguien sorprenda para revisarlo — revísalo antes.

    En el escenario del teatro, el efecto halo es una herramienta para el mentalista, no un problema. La forma en que alguien entra al escenario, cómo se mueve, cómo mira al público en los primeros segundos — todo eso construye un halo que va a condicionar cómo se recibe todo lo que venga después. Lo sabemos y lo usamos. Pero cuando ese mismo mecanismo opera en la sala donde decides quién sube, quién se queda y quién no encaja, ya no es una herramienta a tu favor…. se convierte en un verdadero punto ciego 😉

    Ten esto siempre en mente: no evalúas a las personas, evalúas la imagen que te has formado de ellas. Y esa imagen se construyó mucho antes de la última revisión de desempeño que hiciste.

    Quién es el autor?

    Javier Luxor eventos de empresa

    Javier Luxor es psicólogo organizacional, ingeniero e ilusionista psicológico. Mentalista Conferenciante y autor de «El pequeño libro de la influencia y la persuasión«.