Posts about influencia

Etiqueta: influencia

  • ¿Qué es la influencia (de verdad) y cómo desarrollarla?

    ¿Qué es la influencia (de verdad) y cómo desarrollarla?

    influencia

    En un mundo donde todos comunicamos constantemente, solo unos pocos logran dejar huella. ¿La diferencia? La influencia.

    Y no, no hablo de manipulación ni de presión. Hablo de esa habilidad sutil pero poderosa que tienen algunas personas para que sus ideas sean escuchadas, sus propuestas valoradas y sus mensajes recordados.

    Pero… ¿Qué es exactamente la influencia? ¿Y cómo se convierte uno en una persona influyente?

    Empecemos por la base: ¿Qué es influir?

    Influir es lograr que otros cambien su forma de pensar, sentir o actuar… sin que sientan que están siendo forzados. Es una forma de liderazgo invisible. Una combinación de conexión emocional, credibilidad y claridad. Influir es conseguir que los demás quieran moverse contigo.

    Y para eso, no necesitas gritar, ni imponer, ni tener un cargo importante. Necesitas saber conectar. Saber escuchar. Saber comunicar.

    ¿Por qué es tan importante hoy saber influir?

    Porque puedes tener las mejores ideas del mundo… pero si no sabes transmitirlas, se quedan en ti.

    La influencia te permite:

    • Liderar sin imponer.
    • Vender sin presionar.
    • Negociar sin confrontar.
    • Inspirar sin necesidad de dar órdenes.

    Y no solo en lo profesional: también influimos cuando educamos, cuando motivamos, cuando cuidamos nuestras relaciones.

    Las 5 características de una persona influyente

    1. Autenticidad Las personas influyentes no necesitan aparentar. Son coherentes entre lo que piensan, dicen y hacen. Y eso genera confianza.

    2. Escucha activa Saben que el verdadero poder empieza cuando el otro se siente escuchado. Escuchan para comprender, no para responder.

    3. Claridad al comunicar Transfieren ideas con sencillez. Usan palabras que conectan, no que confunden.

    4. Credibilidad Tienen autoridad moral. Cumplen lo que prometen. Inspiran respeto y fiabilidad.

    5. Conexión emocional Saben tocar algo dentro del otro. Porque al final, no recordamos tanto lo que nos dicen… sino cómo nos hacen sentir.

    ¿Y ahora qué?

    La buena noticia es que la influencia se entrena. No es un don reservado a unos pocos. Es una habilidad que puedes desarrollar… si sabes cómo.

    ¿Tú cuál de estas 5 cualidades ya tienes? ¿Y cuál sientes que necesitas trabajar más? Te leo en los comentarios.

    Y si te interesa seguir aprendiendo sobre cómo influir sin manipular, comunicar con impacto y dejar huella con tus palabras… Suscríbete a esta newsletter y no te pierdas los próximos artículos.

    Javier Luxor – Autor de «El pequeño libro de la influencia y la persuasión«

  • El efecto anclaje: Un número que alguien puso sobre la mesa… ya está influyendo en tu decisión.

    El efecto anclaje: Un número que alguien puso sobre la mesa… ya está influyendo en tu decisión.

    efecto anclaje

    El efecto anclaje influye en tus decisiones: Por qué la primera cifra que escuchas en una negociación es más poderosa de lo que crees (y cómo usar eso a tu favor)

    Imagina esta situación: estás en una negociación de presupuesto con un proveedor. Llegas preparado, con tus números claros, con tus argumentos bien estructurados. El proveedor abre la conversación poniendo una cifra sobre la mesa. Una cifra que te parece alta, quizás incluso exagerada. Negocias, contraargumentas, consigues una rebaja considerable y cierras el acuerdo satisfecho.

    Ahora párate un momento y hazte esta pregunta: ¿cuánto de tu decisión final estuvo realmente en tus manos, y cuánto lo determinó ese primer número que puso él?

    Existe un mecanismo cognitivo que los psicólogos llevan décadas estudiando y que opera con una precisión sorprendente en cualquier contexto donde haya cifras, valoraciones o juicios de valor. Se llama efecto de anclaje, y su funcionamiento es tan elegante como inquietante: cuando nuestra mente recibe un primer dato numérico — cualquier dato, incluso uno arbitrario — lo usa como punto de referencia inconsciente para todo lo que evalúa a continuación.

    Amos Tversky y Daniel Kahneman fueron los primeros en documentar este fenómeno (efecto anclaje) con rigor. En uno de sus estudios más célebres, pidieron a los participantes que estimaran el porcentaje de países africanos en la ONU. Antes de responder, hacían girar una ruleta trucada que mostraba el número 10 o el 65. Quienes habían visto el 10 daban estimaciones significativamente más bajas que quienes habían visto el 65. Un número completamente arbitrario había condicionado las respuestas de personas racionales e informadas. El «ancla» no necesita ser algo lógico para funcionar. Tan solo necesita ser lo primero que ve la persona.

    En el mundo de los negocios, este efecto anclaje se manifiesta de formas que probablemente reconocerás si te paras a observarlas. Piensa en esa reunión donde el director financiero presenta el primer borrador de presupuesto anual. Aunque todos en la sala saben que ese número es una propuesta inicial, el debate que sigue raramente se aleja demasiado de él. Las discusiones giran en torno a ajustes, incrementos o recortes sobre esa cifra de partida. Ese ancla ha definido el campo de juego antes incluso de que alguien haya dicho algo.

    O imagina que estás evaluando a un candidato para un puesto directivo. El primer curriculum que lees tiene un salario actual de 90.000 euros. El segundo tiene uno de 60.000. ¿Crees que esa información no va a influir en la oferta que terminas haciendo? Varios estudios han demostrado que sí, y de forma significativa, incluso cuando los evaluadores son conscientes del efecto y se proponen activamente ignorarlo.

    Además, el efecto anclaje opera con especial intensidad en situaciones de incertidumbre — y pocas situaciones generan más incertidumbre que las negociaciones importantes. Cuanto menos seguros estamos de cuál es el valor real de algo, más nos aferramos al primer número que alguien ha tenido la iniciativa de poner encima de la mesa. En la incertidumbre, el ancla se convierte en certeza, sería como si fuera el único suelo firme que tiene la mente para pisar y sostenerse.

    Qué puedes hacer con esto?

    Lo primero, y más importante, es tomar la iniciativa de anclar tú antes de que lo haga la otra parte. Las investigaciones del Programa de Negociación de Harvard son muy claras al respecto: quien pone el primer número sobre la mesa tiene una ventaja real y medible. No se trata de ser agresivo ni de inflar cifras de forma irresponsable. Se trata de entender que ese primer dato va a orientar toda la conversación, y que es mejor que seas tú quien lo coloque. Por lo tanto, prepara tu ancla con cuidado, con argumentos sólidos detrás, y lánzala antes de que lo haga el otro siempre que te sea posible.

    Lo segundo es desarrollar el hábito de identificar las anclas que los demás colocan. Cuando alguien pone un número sobre la mesa, antes de reaccionar, hazte esta pregunta: ¿estoy evaluando este dato de forma independiente, o me estoy moviendo a partir de él? Esa pausa consciente es lo que separa al que negocia de forma reactiva del que negocia de forma estratégica. No se trata de ignorar el ancla — es casi imposible. Se trata de saber que está ahí.

    Y lo tercero es llegar a cualquier negociación importante con tus propios referentes bien preparados. El antídoto más eficaz contra el efecto anclaje ajeno es tener tus números fundamentados antes de sentarte. Por favor, no entres en una negociación relevante sin haber establecido de antemano tu precio objetivo, tu límite y los argumentos que sostienen cada uno. Cuanto más sólida es tu preparación, menos poder tiene el ancla del otro para moverte de donde deberías estar.

    En el escenario del teatro, el anclaje es una de mis herramientas más sutiles. Antes de que el público elija un número, una carta o una palabra, ya he colocado referencias en su mente que van a orientar esa elección. Ellos creen que deciden con total libertad. Y en cierta forma así es. Pero esa libertad se ejerce dentro de un marco que alguien ya ha dibujado antes de que empiece el juego.

    Lo importante es que este mecanismo funciona exactamente igual fuera del escenario — en las negociaciones, en la reunión de presupuestos, en la entrevista de selección. La única diferencia es que allí nadie te avisa de que está ocurriendo 😉

    Ten esto siempre en mente: El que ancla primero no gana siempre. Pero el que nunca ancla, siempre pierde.

    Quién es el autor?

    Javier Luxor eventos de empresa

    Javier Luxor es psicólogo organizacional, ingeniero e ilusionista psicológico. Conferenciante y autor de «El pequeño libro de la influencia y la persuasión«.

  • Sesgos cognitivos: Cuando algo falla en tu equipo… a quién miras primero?

    Sesgos cognitivos: Cuando algo falla en tu equipo… a quién miras primero?

    Sesgos cognitivos: El error de atribución en psicología organizacional

    Esto va de sesgos cognitivos… pero antes vamos a imaginar juntos esta situación por un momento: uno de tus colaboradores comete un error importante. Entrega algo a destiempo, toma una decisión equivocada, decepciona a un cliente…

    Tu primera reacción, casi instantánea, es una conclusión sobre esa persona: es poco cuidadoso, le falta criterio, no está a la altura…

    Ahora hazte esta pregunta: ¿cuánto tiempo has invertido en preguntarte qué condiciones del entorno pueden haber contribuido a ese error? ¿Sabes si tenía la información que necesitaba? ¿Los plazos eran razonables? ¿Alguien le había explicado con claridad lo que se esperaba de él o de ella?

    El Rey de los sesgos cognitivos

    Un estudio publicado en 2024 en el Journal of Applied Psychology confirmó que este sesgo opera con especial intensidad en entornos de liderazgo. Los mandos que no lo identifican en sí mismos tienden a emitir evaluaciones de desempeño significativamente menos precisas.

    Y ojo, no porque sean peores líderes en otros aspectos, sino porque atribuyen mal las causas de lo que ven. Esa atribución equivocada acaba trasladándose a decisiones reales sobre personas reales.

    Existe un sesgo cognitivo que opera en todos nosotros de forma automática cada vez que intentamos explicar el comportamiento de otra persona. El psicólogo Lee Ross lo denominó error fundamental de atribución en 1977, y su funcionamiento es tan sencillo de describir como difícil de evitar: cuando observamos lo que hace alguien, tendemos a atribuir sus acciones a su carácter, a su personalidad, a quién es como persona. Y tendemos a ignorar, o a minimizar de forma sistemática, el papel que las circunstancias han jugado en ese comportamiento.

    Pero lo curioso de todo esto es que al mismo tiempo, cuando somos nosotros quienes cometemos el error, hacemos exactamente lo contrario: buscamos los factores externos que lo explican. Es decir, uno mismo siempre tiene contexto a su disposición, pero los demás, simplemente, son como son 😉

    Un estudio de 2024 confirma este sesgo en situaciones de liderazgo

    Un estudio publicado en 2024 en el Journal of Applied Psychology confirmó que este sesgo opera con especial intensidad en entornos de liderazgo, y que los mandos que no lo identifican en sí mismos tienden a emitir evaluaciones de desempeño significativamente menos precisas. Y ojo, no porque sean peores líderes en otros aspectos, sino porque atribuyen mal las causas de lo que ven, y esa atribución equivocada acaba trasladándose a decisiones reales sobre personas reales.

    En el entorno empresarial, esto se manifiesta de formas que, una vez que las reconoces, empiezas a ver en todas partes. Piensa en ese comercial que no está alcanzando sus objetivos. La primera lectura suele ser sobre la persona: le falta motivación, no tiene el perfil, no se esfuerza lo suficiente.

    Pero… ¿se ha comprobado si el territorio que gestiona tiene el potencial que se le supone? ¿Si las herramientas que tiene son comparables a las de sus compañeros? ¿Si alguien ha invertido tiempo real en su desarrollo en los últimos meses? Esa atribución rápida que hacemos sobre la persona cierra de par en par la investigación antes de que pueda hacerse realmente.

    O imagina una reunión donde alguien del equipo interviene poco, parece desconectado y no aporta ideas. La conclusión más frecuente, debido a estos sesgos cognitivos, es sobre su actitud, su compromiso y su falta de iniciativa. Y puede que tengas razón…

    Pero también puede que esa persona lleve semanas gestionando una carga de trabajo que nadie conoce, o que el formato de la reunión no favorezca su forma de contribuir, o simplemente que nadie le haya pedido nunca su opinión de forma directa. El contexto importa y mucho.

    La importancia en procesos de selección

    Además, este sesgo (sesgos cognitivos) tiene un coste especialmente alto en los procesos de selección y promoción. Cuando un candidato se pone nervioso en una entrevista, lo interpretamos como falta de confianza o escasa preparación.

    Rara vez nos preguntamos qué papel está jugando la situación en sí: el formato de la entrevista, la dinámica de poder, el entorno artificial en el que le estamos pidiendo que nos demuestre su mejor versión.

    Algunas conclusiones

    ¿Qué puedes hacer con todo esto?¿Cómo evitamos estos sesgos cognitivos? Lo primero sería convertir la pregunta situacional en un hábito antes de emitir cualquier juicio sobre una persona. Cada vez que alguien de tu equipo haga algo que no te guste o que no entiendas, añade un paso previo a la conclusión: ¿qué factores del entorno, del proceso o de la organización pueden haber contribuido a esto?

    No para exculparle automáticamente, sino para asegurarte de que tu diagnóstico es completo antes de actuar sobre él.

    Lo segundo sería prestar especial atención a tus evaluaciones más rápidas y cómodas. Cuando la explicación del comportamiento de alguien te llega sin esfuerzo, es muy probable que estés aplicando el sesgo.

    Las conclusiones sobre personas que cuestan poco trabajo son, en general, las que más merece la pena que sean revisadas.

    Y lo tercero, quizás el más transformador de todos: toma nota de cómo explicas tus propios errores y aplica el mismo modelo a los de los demás. Cuando fallas, buscas el contexto…

    Por favor, extiende esa misma generosidad analítica a las personas que tienes a tu cargo. No como un acto de condescendencia hacia ellos, sino como un acto de rigor que merecen.

    En el escenario del teatro, el error de atribución fundamental es algo que, como mentalista, observo constantemente en el público. Cuando alguien no responde como esperaba en una demostración, la primera reacción de quienes le rodean suele ser sobre él: es desconfiado, es poco abierto, no quiere participar…

    Pocas veces alguien se pregunta si la dinámica que he creado en ese momento era la adecuada para esa persona concreta o si por mi parte no he sido capaz de explicar bien lo que hay que hacer. Y sin embargo, casi siempre la explicación está en la situación, en el contexto y no en la persona que está en ella.

    Ten esto siempre en mente: antes de decidir que el problema es la persona, asegúrate de haber mirado con la misma atención el entorno en el que esa persona trabaja. Casi siempre hay más contexto del que parece.

    Quién es el autor?

    Javier Luxor es psicólogo organizacional, ingeniero e ilusionista psicológico. Conferenciante y autor de «El pequeño libro de la influencia y la persuasión».

    Con esto en mente, recuerda que los sesgos cognitivos forman parte de nuestra percepción y decisión.

  • Cómo Conseguir que Confíen en Mí (El método infalible)

    Cómo Conseguir que Confíen en Mí (El método infalible)

    Cómo Conseguir que Confíen en Mí (El método infalible)
  • Cómo Ser un Buen Líder de Equipo: Haz esto y verás su cambio!

    Cómo Ser un Buen Líder de Equipo: Haz esto y verás su cambio!

    Cómo Ser un Buen Líder de Equipo – Haz esto y verás su cambio!
  • Liderazgo Sereno: Quién eres cuando todo se complica

    Liderazgo Sereno: Quién eres cuando todo se complica

    Liderazgo Sereno: Quién Eres Cuando Todo Se Complica | Javier Luxor