La ilusión de control: Si crees que lo tienes controlado… eso es el problema

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La ilusión de control

Imagina que estás al frente de un proyecto importante. Has definido todos los plazos, has distribuido todas las tareas y, por su puesto, has anticipado los posibles obstáculos que se puedan presentar. Todo está sobre la mesa y bajo control. De hecho sientes, con cierta satisfacción, que esta vez las cosas van a salir tal y como has planificado. ¿Te ha pasado esto alguna vez? Seguro que si, pero más importante que esto es la siguiente cuestión: ¿con qué frecuencia salió todo exactamente como habías previsto?

Existe un sesgo cognitivo que afecta de forma especialmente intensa a los líderes, y que se activa con más fuerza cuanto más experiencia tiene quien lidera. Se llama ilusión de control, y aunque su definición es sencilla su impacto puede que sea enorme: tendemos a creer que tenemos más influencia sobre los resultados de la que realmente tenemos. No se trata de arrogancia, es más porque el cerebro humano está diseñado para percibir sensación de control, para sentir que sus acciones producen consecuencias, incluso cuando la relación entre ambas es mucho más débil de lo que creemos.

Un estudio que lo avala

La psicóloga Ellen Langer acuñó el término en 1975 tras una serie de experimentos que demostraron algo bastante revelador: las personas se comportan como si pudieran influir sobre resultados puramente aleatorios tan solo por el hecho de tener una participación activa en el proceso. Lanzar uno mismo los dados, o elegir personalmente un billete de lotería, aumenta de forma significativa la confianza en ganar, aunque la probabilidad sea exactamente la misma. Un estudio publicado en 2025 confirmó que este sesgo opera con especial intensidad en entornos de liderazgo, y que los líderes con más poder y más experiencia son, paradójicamente, más susceptibles a sobrestimar su capacidad de control sobre los resultados.

En el entorno empresarial, las consecuencias son muy concretas pero también muy costosas. Piensa en ese proyecto que al inicio tenía un plazo de cuatro meses y acabó llevando siete. No porque el equipo pudiera haber fallado, no porque los recursos hubieran sido insuficientes, sino porque quien lo planificó estimó los tiempos desde la convicción de que controlaba más variables de las que en realidad controlaba. El investigador Bent Flyvbjerg, tras analizar miles de proyectos durante décadas, documentó que la tendencia sistemática a subestimar el tiempo y los recursos necesarios está directamente relacionada con la ilusión de control de quienes toman las decisiones iniciales.

Mira imagina ahora esto: eres responsable de una negociación importante con un cliente. Llevas semanas preparándola, conoces los argumentos de la otra parte, has anticipado sus objeciones. Esa preparación es valiosa, claro. Pero la preparación misma genera una sensación de control que en ocasiones lleva a infravalorar la incertidumbre real del proceso. Y esa certeza de que las cosas van a ir como has previsto es precisamente lo que te hace menos flexible cuando la situación toma un giro inesperado.

Un efecto inesperado

Además, la ilusión de control tiene un efecto sobre los equipos que pocas veces se tiene en cuenta. Cuando el líder transmite una certeza que no está del todo justificada, el equipo deja de anticipar los escenarios alternativos. Piensan: ¿Para qué hacerlo, si quien manda ya lo tiene claro?… Y cuando el imprevisto aparece… ¡Boom! Nadie está preparado. Porque la confianza en el control había desactivado el pensamiento contingente de todo el grupo.

Y qué podemos hacer con esto?

Lo primero es incorporar el escenario adverso como parte del proceso de planificación, no como un añadido pesimista. Antes de cerrar cualquier plan de proyecto, hazte esta pregunta: si esto va mal, ¿por qué habrá ido mal? Lo que los psicólogos llaman premortem, imaginar el fracaso antes de que ocurra, obliga a la mente a salir de la narrativa del control y a identificar variables que de otro modo ignoraría completamente.

Lo segundo es revisar con honestidad tus estimaciones anteriores. Si llevas tiempo gestionando proyectos, tienes datos reales sobre cuánto se han desviado tus previsiones. Por favor, míralos. No para castigarte, sino para calibrar mejor tu nivel de confianza en futuras estimaciones. La experiencia solo mejora el criterio si se usa para aprender, no tan solo para confirmar lo que ya creías saber.

Y lo tercero: distingue entre lo que puedes influir y lo que no puedes controlar. Son categorías distintas. Puedes influir en la motivación de tu equipo, en la claridad de los objetivos que fijas, en la calidad de las decisiones que tomas por el camino… Pero no puedes controlar el mercado, los tiempos de terceros, los imprevistos externos ni la forma en que las personas reaccionan bajo presión. Saber dónde acaba tu influencia real no tiene nada que ver con resignarse. Es más un acto de lucidez auténtica que protege tanto tu criterio como la solidez de tu planificación global.

En el escenario del teatro, la ilusión de control es algo que conozco bien como mentalista, aunque desde el lado contrario. Parte de lo que hago consiste en que la otra persona sienta que tiene el control de lo que ocurre, que sus decisiones son libres, que el resultado depende de ella. La sensación de control es completamente real para quien la experimenta. Y sin embargo, el resultado ya estaba definido de antemano. Cuando veo a un directivo convencido de que domina todas las variables de un proyecto complejo, no puedo evitar reconocer ese mismo mecanismo 😉

Ten esto siempre en mente: la sensación de control es real. El control en sí, casi nunca lo es del todo. Y la diferencia entre ambos determina cómo de bien preparado estás cuando las cosas no van como esperabas.

Quién es el autor?

Javier Luxor Mentalista

Javier Luxor es psicólogo organizacional, ingeniero e ilusionista psicológico. Conferenciante y autor de «El pequeño libro de la influencia y la persuasión«.